La psicóloga Eva Yangüela, responsable del gabinete de atención psicológica del Colegio de Enfermería de Ciudad Real, aborda en este artículo una explicación razonada sobre el fenómeno cíclico de la violencia que todos los años se recrudece con la llegada del periodo estival. En su análisis, la experta asegura que existen factores psicológicos profundos que explican, al menos en parte, ciertas conductas violentas por parte de pacientes o familiares. Nos centramos en dos aspectos clave: la falta de control de impulsos y la respuesta agresiva ante el desacuerdo con los tratamientos prescritos.
1. Falta de control de impulsos: una vía rápida hacia la agresión
La desregulación emocional y la incapacidad para controlar los impulsos son comunes en ciertos perfiles de pacientes, ya sea por trastornos psicológicos (como el trastorno límite de la personalidad, el trastorno explosivo intermitente o adicciones activas), o por situaciones de estrés extremo. Esta falta de autocontrol puede desembocar en reacciones desproporcionadas ante situaciones percibidas como amenazantes, como una demora en la atención, una norma hospitalaria o una mala noticia clínica. Esto, nos llevaría a la reflexión de cómo manejamos a tolerancia a la frustración en la sociedad actual. Es decir, si no obtengo el resultado en tiempo y hora de lo planificado por mí previamente… ¡me activo emocionalmente con ira!
En muchos casos, el sistema límbico (emocional) domina sobre el corte prefrontal (racional), lo que lleva al paciente a actuar sin filtrar sus respuestas, canalizando la frustración mediante gritos, amenazas o incluso agresiones físicas. Es importante destacar que estas respuestas, aunque inaceptables, pueden no ser premeditadas, sino fruto de una respuesta impulsiva frente al malestar psicológico.
2. Desacuerdo con el tratamiento: el conflicto como detonante
Otra situación habitual es la que se genera cuando el paciente o sus familiares no están de acuerdo con el diagnóstico o el tratamiento indicado. En un contexto donde el acceso a la información (y la desinformación) es masivo, algunos pacientes adoptan una actitud de confrontación ante decisiones médicas basadas en la evidencia. El rechazo a un fármaco, la negativa a ingresar, o el desacuerdo con el alta médica pueden interpretarse como una forma de “autoridad impuesta”, generando respuestas defensivas o agresivas.
Además, en pacientes con escasas habilidades de afrontamiento, baja tolerancia a la frustración o con estilos comunicativos pasivo-agresivos, el desacuerdo clínico se transforma en un conflicto interpersonal, y el profesional de enfermería es percibido como parte del “sistema que falla” o como responsable directo de la situación.
3. Implicaciones para la enfermería
El personal de enfermería, por su cercanía con el paciente y su papel de intermediación constante, es especialmente vulnerable. Comprender estas dinámicas psicológicas permite no solo anticipar situaciones de riesgo, sino también intervenir con estrategias de comunicación terapéutica, desescalada emocional y contención verbal.
Conclusiones
La violencia hacia los profesionales sanitarios no es solo un problema de seguridad, sino también un fenómeno psicológico y social complejo. Identificar los factores individuales que predisponen a la agresión —como la impulsividad descontrolada o la percepción de injusticia— es fundamental para diseñar intervenciones más efectivas y proteger al personal sanitario. Por otro lado, es fundamental, que generemos en nuestra sociedad la conciencia de que el respeto es una máxima indispensable. Donde, existen medios adecuados para expresar la disconformidad como pacientes, sin que ese desacuerdo implique traspasar límites y proceder a la agresión verbal (en la mayor parte de ocasiones) y física, en otras ocasiones.
Finalmente, añadir que, desde el punto de vista psicológico, la agresión debe tener una atención psicológica adecuada desde los primeros momentos. Ello producirá una enorme reducción en las secuelas y el posible estrés postraumático. Desde el servicio de atención psicológica del Colegio de Enfermería de Ciudad Real, aquí estaremos para arrimar el hombro ante la lucha frente a esta lacra de las agresiones a sanitarios.
Eva Mª Yangüela González, psicóloga habilitada sanitaria
Servicio de atención psicológica Colegio Enfermería Ciudad Real

